La depresión en la adolescencia no es fácil de diagnosticar en multitud de ocasiones. Los síntomas que conforman una depresión de cualquier naturaleza y etiología se camuflan entre la multitud de aspectos que se combinan en los cambios propios de esta edad de tránsito hacia la edad adulta.

En efecto, un sujeto en plena adolescencia va a sufrir cambios inherentes a la propia condición de su edad, los que le corresponden al atravesar este complejo estadío vital. Cambios que son necesarios para configurar, ajustar a la persona y configurar una personalidad estable y duradera.
Los padres comienzan a percibir estados de rebeldía, cambios de humor, ensimismamientos temporales, comportamiento alterado ante cuestiones baladíes, ingesta de alcohol, aumentos en la sensibilidad, tristeza injustificada o inconformismo en unos hijos que antes eran, en muchos casos, todo docilidad. El abandono de los juegos de infancia en favor de relaciones de grupo, los enamoramientos, la autoestima tambaleante de muchos de ellos están exponiendo al adolescente a agresiones internas e internas que ya no puede paliar el consuelo de un padre o de una madre. Ya no sirve lo que antes servía, las reglas han cambiado y los ajustes familiares parecen fallar.
Sin embargo, estos cambios no implican necesariamente una depresión en el adolescente. Sencillamente forma parte de un proceso de reafirmación donde el yo se hace ha de hacer más fuerte y, en multitud de ocasiones, va a hacerlo a costa de las figuras totémicas hasta ahora representadas por el padre y la madre.
Los jóvenes, con todo, son fuertes y disponen de un buen número de factores motivacionales donde asirse. La mayoría de ellos van a salir reforzados de esta edad difícil que les preparara para afrontar los complejos retos de la edad adulta, desarrollando los esquemas psicosociales necesarios para este desempeño por venir.
Pero por desgracia, muchos adolescentes no salen airosos de la dura prueba de "cambiar la piel", la de pasar de gusano a mariposa y sucumben en una depresión que suele ser contundente, en ocasiones atroz.
En el caso de las chicas adolescentes, los datos epidemiológicos no les son favorables, puesto que la incidencia en ellas de la depresión dobla a la de los chicos y tiene lugar varios años antes por norma general.
Dado que, como decimos, el diagnóstico de la depresión en adolescentes es harto complejo, recomendamos siempre que dejen que sea un profesional psicólogo o psiquiatra el que determine si estamos o no ante una depresión o un estado predepresivo del adolescente. Previamente es importante que los padres observen los siguientes síntomas:
Varios de estos síntomas son suficientes como para solicitar un diagnóstico profesional. Es muy posible que el adolescente no sufra finalmente una depresión, pero resulta conveniente asegurarnos de ello y no demorar la visita al especialista. En la adolescencia todo se sucede con mucha rapidez, y una depresión de diagnosis tardía puede llevar una lenta recuperación, con el consiguiente perjuicio en los estudios del joven y en el desarrollo de las habilidades sociales tan necesarias en esta fase de la vida.
Procure desoír a quienes "lo saben todo" y tratan de quitarle importancia a la posible depresión con argumentos del tipo "esto se le quita en cuanto se eche novia", "todos hemos pasado por eso y no nos ha pasado nada" o "éste lo que necesita es una buena juerga".

Por fortuna, en la actualidad la mayoría de los padres están atentos a la evolución adolescente de sus vástagos y suelen atender con inmediatez cuando saltan las primeras alarmas. No hace mucho, los adolescentes que acudían de la mano de sus progenitores a consulta lo hacían ya en un estado depresivo avanzado, en interacción lógica con comportamientos indeseables de difícil abordaje dado el deterioro sufrido tras obviar el problema durante meses decisivos.
Son muchos los adolescentes que camuflan los síntomas depresivos con comportamientos indeseables que no parecen tener como base un episodio depresivo. Hurtos de escasa de relativa importancia, faltas de respeto manifiesto, conducta agresiva similar a la de un predelincuente, comportamientos regresivos en clase (malas calificaciones por desgana, volver a cometer faltas de ortografía, falta de respeto a hacia los profesores...) son las principales manifestaciones comportamentales que debemos tener en cuenta si pretendemos realizar un seguimiento adecuado de este difícil periodo en la vida de una persona.
Debemos estar especialmente atentos a aquellos adolescentes que, por sus circunstancias personales (deficiencias físicas o psíquicas, hogares con dificultad, antecedentes familiares...) o sufran una merma en su autoconcepto. Son ellos los más propensos a los zarpazos de la depresión del adolescente.
Así mismo, y sin obsesionarnos, deberemos observar con mayor interés signos de "despedida" o comportamientos de alto riesgo, por ser posibles indicios de suicidio. En esta cuestión no vamos a profundizar por cuestiones puramente deontológicas.
En cuanto a posibles complicaciones que pueden surgir en la adolescencia, y que pueden cursar o no con depresión se encuentran la anorexia nerviosa (cada vez más presente en chicos), trastorno bipolar, las conductas suicidas o de alto riesgo para la vida, alcoholismo o el consumo de sustancias estupefacientes. Ante cualquiera de estas manifestaciones comportamentales y las citadas anteriormente no dude en solicitar ayuda profesional sin la menor demora.

Estas notas que acaba de leer tienen un mero carácter orientativo, y pueden ayudarle a esclarecer algunos aspectos relacionados con la depresión. Queremos dejar claro que carecen de valor diagnóstico. Para una correcta valoración diagnóstica usted debe acudir a la consulta de un profesional especializado psicólogo o psiquiatra .
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